domingo, 10 de diciembre de 2017

Pregunta vieja, vieja respuesta

                    En el Lago de Como, Carl Frederik Aagaard (1833-1895)

¿Adónde va el amor cuando se olvida?
No aquel a quien hicieras la pregunta
           Es quien hoy te responde.

Es otro, al que unos años más de vida
Le dieron la ocasión, que no tuviste,
           De hallar una respuesta.

Los juguetes del niño que ya es hombre,
¿Adónde fueron, di? Tú lo sabías,
           Bien pudiste saberlo.

Nada queda de ellos: sus ruinas
Informes e incoloras, entre el polvo,
           El tiempo se ha llevado.

El hombre que envejece, halla en su mente,
En su deseo, vacíos, sin encanto,
           Dónde van los amores.

Mas si muere el amor, no queda libre
El hombre del amor: queda su sombra,
           Queda en pie la lujuria.

¿Adónde va el amor cuando se olvida?
No aquel a quien hicieras la pregunta
           Es quien hoy te responde.

Luis Cernuda
(Desolación de la quimera, 1962)

jueves, 7 de diciembre de 2017

Rima XXXVIII

                           Villa Castello, Capri, Charles Caryl Coleman (1895)
     ¡Los suspiros son aire y van al aire!
¡Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime, mujer, cuando el amor se olvida
¿sabes tú adónde va?
Gustavo Adolfo Bécquer
(Rimas, 1871)

lunes, 4 de diciembre de 2017

El vals

                     Una velada elegante, Victor Gabriel Gilbert (h. 1890)

    Eres hermosa como la piedra,
oh difunta;
oh viva, oh viva, eres dichosa como la nave.
Esta orquesta que agita
mis cuidados como una negligencia,
como un elegante biendecir de buen tono,
ignora el vello de los pubis,
ignora la risa que sale del esternón como una gran batuta.

     Unas olas de afrecho,
un poco de serrín en los ojos,
o si acaso en las sienes,
o acaso adornando las cabelleras;
unas faldas largas hechas de colas de cocodrilos;
unas lenguas o unas sonrisas hechas con caparazones de cangrejos.
Todo lo que está suficientemente visto
no puede sorprender a nadie.
 

    Las damas aguardan su momento sentadas sobre una lágrima,
disimulando la humedad a fuerza de abanico insistente.
Y los caballeros abandonados de sus traseros
quieren atraer todas las miradas a la fuerza hacia sus bigotes.

     Pero el vals ha llegado.
Es una playa sin ondas,
es un entrechocar de conchas, de tacones, de espumas o de dentaduras postizas.
Es todo lo revuelto que arriba.

     Pechos exuberantes en bandeja en los brazos,
dulces tartas caídas sobre los hombros llorosos,
una languidez que revierte,
un beso sorprendido en el instante que se hacía "cabello de ángel",
un dulce "sí" de cristal pintado de verde.

     Un polvillo de azúcar sobre las frentes
da una blancura cándida a las palabras limadas,
y las manos se acortan más redondeadas que nunca,
mientras fruncen los vestidos hechos de esparto querido.

     Las cabezas son nubes, la música es una larga goma,
las colas de plomo casi vuelan, y el estrépito
se ha convertido en los corazones en oleadas de sangre,
en un licor, si blanco, que sabe a memoria o a cita.

     Adiós, adiós, esmeralda, amatista o misterio;
adiós, como una bola enorme ha llegado el instante,
el preciso momento de la desnudez cabeza abajo,
cuando los vellos van a pinchar los labios obscenos que saben.
 

    Es el instante, el momento de decir la palabra que estalla,
el momento en que los vestidos se convertirán en aves,
las ventanas en gritos,
las luces en ¡socorro!
y ese beso que estaba (en el rincón) entre dos bocas
se convertirá en una espina
que dispensará la muerte diciendo:
Yo os amo.


Vicente Aleixandre
(Espadas como labios, 1932)

sábado, 2 de diciembre de 2017

Los ángeles colegiales

                     En la clase, Paul Louis Martin des Amoignes (1886)

Ninguno comprendíamos el secreto nocturno de las pizarras
ni por qué la esfera armilar se exaltaba tan sola cuando la mirábamos.
Solo sabíamos que una circunferencia puede no ser redonda
y que un eclipse de luna equivoca a las flores
y adelanta el reloj de los pájaros.

Ninguno comprendíamos nada:
ni por qué nuestros dedos eran de tinta china
y la tarde cerraba compases para al alba abrir libros.
Solo sabíamos que una recta, si quiere, puede ser curva o quebrada
y que las estrellas errantes son niños que ignoran la aritmética.


Rafael Alberti
(Sobre los ángeles, 1929)

jueves, 30 de noviembre de 2017

Abanico

                              Dama con abanico, Gustav Klimt (1917-1918)

El vals llora en mi ojal
 

                         Silencio 

En mi hombro se ha posado el sueño
y es del mismo temblor que sus cabellos


Gerardo Diego
(Imagen, 1922)

domingo, 26 de noviembre de 2017

Casida de la mujer tendida

                     Desnudo moteado de sol, Frederick Carl Frieseke (1915)

    Verte desnuda es recordar la tierra.
La tierra lisa, limpia de caballos.
La tierra sin un junco, forma pura
cerrada al porvenir: confín de plata.

    Verte desnuda es comprender el ansia
de la lluvia que busca débil talle,
o la fiebre del mar de inmenso rostro
sin encontrar la luz de su mejilla.

    La sangre sonará por las alcobas
y vendrá con espada fulgurante,
pero tú no sabrás dónde se ocultan
el corazón de sapo o la violeta.

    Tu vientre es una lucha de raíces,
tus labios son un alba sin contorno,
bajo las rosas tibias de la cama
los muertos gimen esperando turno.


Federico García Lorca
(Diván del Tamarit, 1936)

viernes, 17 de noviembre de 2017

Noche divina

 
                           Jardín de Aranjuez, Santiago Rusiñol (1907)

Este jardín nos cede su delicia,
nos cede el árbol de manzanas lleno:
fuente de dioses a la sed propicia,
pan del instinto, para el hambre, bueno.

Mas blanco mármol sin igual pudicia
fija en nosotros su mirar sereno:
muslo desnudo, vigoroso el seno,
puro, como la luz que lo acaricia.

Se hacen tus ojos demasiado azules,
cubren tus manos impalpables tules
y algo divino te levanta en vuelo.

No cortemos la fruta deleitosa
y mira el alma en una nube rosa
cómo es de azul la beatitud del cielo.


Alfonsina Storni
(Irremediablemente, 1919)

domingo, 12 de noviembre de 2017

La cita

 
                       Mi señor Amor, Thomas Cooper Gotch (1854-1931)

    Me he ceñido toda con un manto negro.
Estoy toda pálida, la mirada extática.
Y en los ojos tengo partida una estrella.
¡Dos triángulos rojos en mi faz hierática!

    Ya ves que no luzco siquiera una joya.
Ni un lazo rosado, ni un ramo de dalias.
Y hasta me he quitado las hebillas ricas
De las correhuelas de mis dos sandalias.

    Mas soy esta noche, sin oros ni sedas,
Esbelta y morena como un lirio vivo.
Y estoy toda ungida de esencias de nardos.
Y soy toda suave bajo el manto esquivo.

    Y en mi boca pálida florece ya el trémulo
Clavel de mi beso que aguarda tu boca.
Y a mis manos largas se enrosca el deseo
Como una invisible serpentina loca.

    ¡Descíñeme, amante! ¡Descíñeme, amante!
Bajo tu mirada surgiré como una
Estatua vibrante sobre un plinto negro
Hasta el que se arrastra, como un can, la luna.


Juana de Ibarbourou
(Las lenguas de diamante, 1919)

viernes, 10 de noviembre de 2017

Nocturno

         Vista nocturna del Puente de Queensboro, Julien Alden Weir (1910)

   ... Es la celeste jeometría
de un astrónomo viejo
sobre la ciudad alta –torres
negras, finas, pequeñas, fin de aquello…–

    Como si, de un mirador último,
lo estuviera mirando
el astrólogo.

                      Signos
exactos –fuegos y colores–,
con su secreto bajo y desprendido
en diáfana atmósfera
de azul y honda transparencia.

    ¡Qué brillos, qué amenazas,
qué fijezas, qué augurios,
en la inminencia cierta
de la estraña verdad! ¡Anatomía
del cielo, con la ciencia
de la función en sí y para nosotros!

    –Un grito agudo, solo, inmenso,
como una estrella errante–.

                                                  ...¡Cuán lejanos
ya de aquellos nosotros,
de aquella primavera de esta tarde
–en Washington Square, tranquila y dulce–,
de aquellos sueños y de aquel amor!


Juan Ramón Jiménez
(Diario de un poeta recién casado, 1916)

miércoles, 8 de noviembre de 2017

La copla andaluza

              Baile en el Café Novedades de Sevilla, Joaquín Sorolla (1914)

    Del placer, que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción, que recoge
la noche morena.
 

    La noche sultana,
la noche andaluza,
que estremece la tierra y la carne
de aroma y lujuria.

    Bajo el plenilunio,
como lagrimones,
como goterones, sus cálidas notas
llueven los bordones.

    Son melancolía
sonora, son ayes
de las otras cuerdas, heridas, punzadas,
las notas vibrantes.

    Y en el aire, húmedo
de aroma y lujuria,
levanta su vuelo –paloma rafeña–
la copla andaluza.


    Dice de ojos negros
y de rojos labios
de venganza, de olvido, de ausencia,
de amor y de engaño...

    Y de desengaño.
De males y bienes,
de esperanza, de celos..., de cosas
de hombres y mujeres.

    Y brota en los labios
soberbia y sencilla,
como brotan el agua en la fuente,
la sangre en la herida.

    Y allá va en la noche,
paloma rafeña,
a decir la verdad a lo lejos,
triste, clara y bella.

    Del placer, que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción que recoge
la noche morena.
 

Manuel Machado
(Cante hondo, 1912)

lunes, 6 de noviembre de 2017

La noria


            El viejo molino de agua, Myles Birkett Foster (a. 1899)

    La tarde caía
triste y polvorienta.

    El agua cantaba
su copla plebeya
en los cangilones
de la noria lenta.
    Soñaba la mula
¡pobre mula vieja!,
al compás de sombra
que en el agua suena.
    La tarde caía
triste y polvorienta.
    Yo no sé qué noble,
divino poeta,
unió a la amargura
de la eterna rueda
    la dulce armonía
del agua que sueña,
y vendó tus ojos,
¡pobre mula vieja!...
    Mas sé que fue un noble,
divino poeta,
corazón maduro
de sombra y de ciencia.


Antonio Machado
(Soledades, galerías y otros poemas, 1907)

domingo, 5 de noviembre de 2017

Lela



Están as nubes chorando
por un amor que morreu.
Están as rúas molladas
de tanto como choveu.

Lela, Lela,
Leliña por quen eu morro,
quero mirarme
nas meniñas dos teus ollos.

Non me deixes
e ten compasión de min.
Sen ti non podo,
sen ti non podo vivir.


Dame alento cas túas palabras,
dame celme do teu corazón,
dame lume cas túas miradas,
dame vida co teu doce amor.

Lela, Lela,
Leliña por quen eu morro,
quero mirarme
nas meniñas dos teus ollos.

Non me deixes
e ten compasión de min.
Sen ti non podo,
sen ti non podo vivir.


Alfonso Daniel Manuel Rodríguez Castelao
(Os vellos non deben de namorarse, 1953)


Versión al castellano de Un poema cada día

Están las nubes llorando
por un amor que murió.
Están las calles mojadas
de tanto como llovió.

Lela, Lela,
Leliña por quien yo muero,
quiero mirarme
en las pupilas de tus ojos.

No me dejes
y ten compasión de mí.
Sin ti no puedo,
sin ti no puedo vivir.

Dame aliento con tus palabras,
dame esencia de  tu corazón,
dame fuego con tus miradas,
dame vida con tu dulce amor.

Lela, Lela,
Leliña por quien yo muero,
quiero mirarme
en las pupilas de tus ojos.

No me dejes
y ten compasión de mí.
Sin ti no puedo,
sin ti no puedo vivir.

(Los viejos no deben enamorarse, 1953)

Esta canción aparece en la escena II del acto I de la obra teatral Os vellos non deben de namorarse, de Castelao, que se estrenó en Buenos Aires en 1941, aunque no se publicó hasta 1953.

En el vídeo podemos escucharla interpretada por Dulce Pontes y Carlos Núñez, que realizaron, en 1996, una preciosa versión de este clásico de la canción popular gallega.

lunes, 30 de octubre de 2017

Venus

                                     Alma de otoño, Armand Point (1890)

    En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría.
En busca de quietud, bajé al fresco y callado jardín.
En el obscuro cielo, Venus bella temblando lucía,
como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

    A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,
que esperaba a su amante, bajo el techo de su camarín,
o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría,
triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.

    «¡Oh, reina rubia! —díjele—, mi alma quiere dejar su crisálida
y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar;
y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,

    y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar».
El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida.
Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.


Rubén Darío
(Azul, 1888)

jueves, 26 de octubre de 2017

La dama duende (fragmento)

                        Héspero, Joseph Noel Paton (1857)

Dª ÁNGELA
¿Estaréis muy disgustado
de esperarme?

D. MANUEL
                         No, señora;
que quien espera al aurora,
bien sabe que su cuidado,
en las sombras sepultado
de la noche oscura y fría,
ha de tener, y así hacía
gusto el pesar que pasaba;
pues cuanto más se alargaba,
tanto más llamaba al día.
Si bien no era menester
pasar noche tan oscura,
si el sol de vuestra hermosura
me había de amanecer;
que para resplandecer
vos, soberano arrebol,
la sombra ni el tornasol
de la noche no os había
de estorbar; que sois el día
que amanece sin el sol.
El alba, para brillar,
quiso a la noche seguir;
la aurora para lucir,
al alba quiso imitar;
el sol, deidad singular,
a la aurora desafía,
vos al sol; luego la fría
noche no es menester
si podéis amanecer
sol del sol después del día.

Dª ÁNGELA
Aunque agradecer debiera
discurso tan cortesano,
quejarme quiero (no en vano),
de ofensa tan lisonjera,
pues no siendo esta la esfera,
a cuyo noble ardimiento
fatigas padece el viento
sino un albergue piadoso,
os viene a hacer sospechoso
el mismo encarecimiento.
No soy alba, pues la risa
me falta en contento tanto;
ni aurora, pues que mi llanto
de mi dolor ¿no os avisa?
No soy sol, pues no divisa
mi luz la verdad que adoro,
y así lo que soy ignoro;
que solo sé que no soy
alba, aurora o sol; pues hoy
no alumbro, río, ni lloro.
Y así, os ruego que digáis,
señor don Manuel, de mí
que una mujer soy y fui
a quien vos solo alegráis
al extremo que miráis.

Calderón de la Barca
(La dama duende, 1629)

viernes, 20 de octubre de 2017

Homero, Hesíodo, Safo, Píndaro

                    El Partenón, Frederic Edwin Church (1871)

Homero, Hesiodo, Safo, Pindaro...
Kavafis, Elytis, Seferis, Ritsos...

Tales, Heraklito, Parmenides,
Sokrates, Platon, Aristoteles...

Greziak ez du muga fisikorik,
lurralde bat baino askoz gehiago...

Hölderlin, Nietzsche, Heidegger, Celan...

Oliba usaineko jakinduria,
bere buruaren uharte, itsaso
biribildu ezina, gatzaren kanta
zauri direnen belarrietan.

Hasiera bat, abiapuntu bat,
hari bat zeinari jarraitu,
argi hauskorren isla,
nora eta zergatik goazen
inoiz ez jakin arren.

Garai larrietan inongoak ez.
Lurra, kate. Goraka begira
sustraiak, argiz eta itsasoz.
Mugak oro lausotzea. Greziar...,
oinutsik hareari forma emanez.
Berriz hastea sorterri.

Aritz Gorrotxategi
(Muga, 2016) 


Homero, Hesíodo, Safo, Píndaro...
Kavafis, Elytis, Seferis, Ritsos...

Tales, Heráclito, Parménides,
Sócrates, Platón, Aristóteles...

Grecia carece de límites físicos,
ser más que un territorio...

Hölderlin, Nietzsche, Heidegger, Celan...

Sabiduría de aroma oliváceo,
isla de sí misma, mar
imposible de plegar, canto de sal
a oídos de quienes son herida.

Inicio, punto de partida,
hilo al que seguir, reflejo
de luces quebradizas,
a pesar de no saber nunca
a dónde vamos y por qué.

No pertenecer a ningún lugar
en épocas de penuria. Tierra que es cadena.
Raíces mirando hacia arriba, de luz y mar.
Disipar cualquier límite. Griegos...,
dando forma a la arena descalzos.
Que la patria sea comenzar de nuevo.

[Poema incluido en la antología bilingüe Muga, Ediciones El Gallo de Oro, 2016. Traducción al castellano del propio autor.]

lunes, 16 de octubre de 2017

Unha vez

               Mar con gaviotas, Nikolay Nikanorovich Dubovskoy (1911)

Unha vez houbo un home
que nunca dixo meu.
Petóu nas portas do mundo,
chamóu no meu corazón.
Falaba con palabras
que semellaban pombas.
As cousas á súa beira
púñanse brancas.
Nascíalle nos ollos un abrente
coma un río de luz,
ou coma un mar lonxano de gueivotas.
Un bálsamo de amor

tiña aquil home
pra ista miña dor
sin nome.


Celso Emilio Ferreiro
(Longa noite de pedra, 1962)


Versión al castellano de Un poema cada día

Una vez hubo un hombre
que nunca dijo mío.
Golpeó en las puertas del mundo,
llamó a mi corazón.
Hablaba con palabras
que semejaban palomas.
Las cosas a su vera
poníanse blancas.
Nacíale en los ojos un albor
como un río de luz,
o como un mar lejano de gaviotas.
Un bálsamo de amor
tenía aquel hombre
para este dolor mío
sin nombre. 

(Larga noche de piedra, 1962)

jueves, 12 de octubre de 2017

Ídols

                         El valle de los naranjos, Santiago Rusiñol (1901)

Aleshores, quan jèiem
abraçats davant la finestra
oberta al pendís d'oliveres (dues
llavors nues dins d'un fruit que l'estiu
ha badat violent, i que s'omple
d'aire) no teníem records. Érem
el record que tenim ara. Érem
aquesta imatge. Els ídols de nosaltres,
per la submisa fe de després.


Gabriel Ferrater
(Teoria dels cossos, 1966)


                Ídolos

Entonces, cuando yacíamos
abrazados frente a la ventana
abierta al desmonte de olivos (dos
semillas desnudas dentro de un fruto que el verano
ha abierto violento, y que se llena
de aire) no teníamos recuerdos. Éramos
el recuerdo que tenemos ahora. Éramos
esta imagen. Ídolos de nosotros
para la fe sumisa de después.


(Teoría de los cuerpos, 1966) 

[Traducción al castellano de José Agustín Goytisolo]

domingo, 8 de octubre de 2017

Discurso a los jóvenes

      Cabeza abstracta, Alekséi von Jawlensky (1864-1941)

De vosotros,
los jóvenes,
espero
no menos cosas grandes que las que realizaron
vuestros antepasados.
Os entrego
una herencia grandiosa:
sostenedla.
Amparad ese río
de sangre,
sujetad con segura
mano
el tronco de caballos
viejísimos,
pero aún poderosos,
que arrastran con pujanza
el fardo de los siglos
pasados.

Nosotros somos estos
que aquí estamos reunidos,
y los demás no importan.

Tú, Piedra,
hijo de Pedro, nieto
de Piedra
y biznieto de Pedro,
esfuérzate
para ser siempre piedra mientras vivas,
para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca,
para no tolerar el movimiento
para asfixiar en moldes apretados
todo lo que respira o que palpita.

A ti,
mi leal amigo,
compañero de armas,
escudero,
sostén de nuestra gloria,
joven alférez de mis escuadrones
de arcángeles vestidos de aceituna,
sé que no es necesario amonestarte:
con seguir siendo fuego y hierro,
basta.
Fuego para quemar lo que florece.
Hierro para aplastar lo que se alza.

Y finalmente,
tú, dueño
del oro y de la tierra
poderoso impulsor de nuestra vida,
no nos faltes jamás.
Sé generoso
con aquellos a los que necesitas,

pero guarda,
expulsa de tu reino,
mantenlos más allá de tus fronteras,
déjalos que se mueran,
si es preciso,
a los que sueñan,
a los que no buscan
más que luz y verdad,
a los que deberían ser humildes
y a veces no lo son, así es la vida.
Si alguno de vosotros
pensase
yo le diría: no pienses.

Pero no es necesario.

Seguid así,
hijos míos,
y yo os prometo
paz y patria feliz,
orden,
silencio.


Ángel González
(Sin esperanza, con convencimiento, 1961)

viernes, 29 de septiembre de 2017

Dzieci epoki

                               Café La Habana, José Bautista (2012)

Jesteśmy dziećmi epoki,
epoka jest polityczna.

Wszystkie twoje, nasze, wasze
dzienne sprawy, nocne sprawy
to są sprawy polityczne.

Chcesz czy nie chcesz,
twoje geny mają przyszłość polityczną,
skóra odcień polityczny,
oczy aspekt polityczny.

O czym mówisz, ma rezonans,
o czym milczysz, ma wzmowę
tak czy owak polityczną.

Nawet idąc borem lasem
stawiasz kroki polityczne
na podłożu politycznym.

Wiersze apolityczne też są polityczne,
a w górze świeci księżyc,
obiekt już nie księżycowy.
Być albo nie być, oto jest pytanie.
Jakie pytanie, odpowiedz kochanie.
Pytanie polityczne.

Nie musisz nawet być istotą ludzką,
by zyskać na znaczeniu politycznym.

Wystarczy, żebyś był ropą naftową,
paszą treściwą czy surowcem wtórnym.
Albo I stołem obrad, o którego kształt
spierano się miesiącami
przy jakim pertraktować o życiu i śmierci,
okrągłym czy kwadratowym.

Tymczasem ginęli ludzie,
zdychały zwierzęta,
płonęły domy
i dziczały pola
jak w epokach zamierzchłych
i mniej politycznych.


Wisława Szymborska
(Ludzie na moście, 1986)

         
       Hijos de la época

Somos hijos de nuestra época,
y nuestra época es política.


Todos tus, mis, nuestros, vuestros
problemas diurnos, y los nocturnos,
son problemas políticos.
Quieras o no,
tus genes tienen un pasado político,
tu piel un matiz político
y tus ojos una visión política.


Cuanto dices produce una resonancia,
cuanto callas implica una elocuencia
inevitablemente política.


Incluso al caminar por bosques y praderas
das pasos políticos
en terreno político.


Los poemas apolíticos son también políticos,
y en lo alto resplandece la luna,
un cuerpo ya no lunar.
Ser o no ser, esta es la cuestión.
¿Qué cuestión?, adivina corazón:
una cuestión política.


Adquirir significado político
ni siquiera requiere ser humano.
Basta ser petróleo,
pienso compuesto o materia reciclada.


O la mesa de debates
de diseño durante meses discutido:
¿redonda?, ¿cuadrada?, ¿qué mesa es mejor
para deliberar acerca de la vida y de la muerte?

Mientras, perecía gente,
morían animales,
ardían casas,
y los campos se quedaban yermos
como en épocas remotas
y menos políticas.

(Hombres en el puente, 1986)

[Traducción de Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski]

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Le baiser

                      El beso, Gustav Klimt (h. 1907-1908)

Toute tiède encore du linge annulé
Tu fermes les yeux et tu bouges
Comme bouge un chant qui naît
Vaguement mais de partout

Odorante et savoureuse
Tu dépasse sans te perdre
Les frontières de ton corps

Tu as enjambé le temps
Te voici femme nouvelle
Révélée à l'infini.

Paul Éluard
(Une longue réflexion amoureuse, 1945)


Versión al castellano de Un poema cada día

                    El beso

Tibia aún de ropa apartada
Cierras los ojos y te mueves
Como se mueve un canto que nace
Vagamente pero de todas partes

Olorosa y sabrosa
Sobrepasas sin perderte
Las fronteras de tu cuerpo

Has rebasado el tiempo
Como una mujer nueva
Revelada al infinito.

(Una larga reflexión amorosa, 1945)

domingo, 17 de septiembre de 2017

Un mal ejemplo

   Día de otoño en Mailand, Hermann Schmidtmann (h. 1936)

Nunca quise llegar a ningún sitio
ni tampoco me interesó
especialmente el paisaje.

Un pequeño bar de barrio
con una mesa
desde la que ver el mundo apagarse
y encenderse
–bajo la lluvia–
las farolas en las aceras,
me ha bastado para ser casi feliz.

Exiliado en mi interior,
nunca en venta
ni besando la mano de nadie,
arrastro mi minúscula épica
–por unas calles
que ni siquiera son ya mis calles–
y me voy alejando.

Karmelo C. Iribarren
(Mientras me alejo, 2017)

miércoles, 23 de agosto de 2017

Una rosa y Milton

 
       Rosas en una mesa de piedra, Jean-Baptiste Robie (h.1910)

De las generaciones de las rosas
Que en el fondo del tiempo se han perdido
Quiero que una se salve del olvido,
Una sin marca o signo entre las cosas


Que fueron. El destino me depara
Este don de nombrar por vez primera
Esa flor silenciosa, la postrera
Rosa que Milton acercó a su cara,


Sin verla. Oh tú bermeja o amarilla
O blanca rosa de un jardín borrado,
Deja mágicamente tu pasado


Inmemorial y en este verso brilla,
Oro, sangre o marfil o tenebrosa
Como en sus manos, invisible rosa.

Jorge Luis Borges

(El otro, el mismo, 1964)

viernes, 30 de junio de 2017

Nunca he visto dos nubes iguales

           Día de verano en el lago del bosque, Carl Frederik Aagaard (1877)

Nunca he visto dos nubes iguales,
ni dos hojas de roble,
ni dos perros, o gatos, o caballos,
ni, desde luego, dos rostros;
nunca he sentido dos emociones iguales,
nunca he pensado dos pensamientos iguales,
nunca he soñado dos sueños iguales,
nunca he recordado dos escenas iguales.
Únicamente lo singular existe,
dueño de sí mismo, indómito.
El resto es una tiranía del lenguaje
para domesticar el alma.

Rafael Argullol
(Poema, 2017)

miércoles, 28 de junio de 2017

Volcanes y caricias

        Vista de Capri con el Vesubio al fondo, Edmund Berninger (h. 1929)

No me cuentes jamás ese secreto.

Guárdalo para ti.

Que entre los dos perdure
la convulsa belleza de esta isla.

Arrasada y altiva, negra y rota.

Incendiaria semilla de una tarde
que alumbró en tierra fértil, esas vides
escondidas al fondo de su propio abismo.

La lava entre los labios de este vino tan dulce.

La música del agua cuando cavo en tu piel
y elaboro con sed de azada antigua
la sagrada caricia, el beso oscuro,

tus derrames de azufre.

La convulsa belleza de aquel grito
que atravesó la isla

Fernando Beltrán
(Hotel vivir, 2015)

lunes, 26 de junio de 2017

Estoy en el incendio

                          Crepúculo en Venecia, Claude Monet (1908)

Más allá de tu pupila colmada de mercurio,
en la más inconsolable almena de la noche,
estoy en el incendio de todo lo que fuimos.

¡Si yo pudiera remontar por el confín del humo,
con pájaros de olvido volver atrás los años
hasta el abril primero cuando aún no existías!
¡Si encontrara allí tu cuerpo intacto de mi cuerpo,
tu nombre transparente para colmar el mundo
con el fervor descalzo del misterio más limpio!

Con qué equivocada furia la noche sin testigos
en deshauciadas llamas consume nuestro abrazo;
es lumbre de nostalgia, bengala del  insomnio,
es quimera asfixiada en el envés del humo.
Estoy en el incendio de todo lo que fuimos.

Quizá todo adiós es festín de ceniza,
el gesto inútil de un animal que muere
y deja caer su sombra, apenas huérfana,
en el cauce apresurado
                                          del olvido.

Alberto Conejero
(Si descubres un incendio, 2016)

jueves, 22 de junio de 2017

A Él

                              Paisaje tropical, Albert Bierstadt (1830-1902)

    Era la edad lisonjera
en que es un sueño la vida;
era la aurora hechicera
de mi juventud florida
en su sonrisa primera:

    cuando sin rumbo vagaba
por el campo silenciosa
y en escuchar me gozaba
la tórtola que entonaba
su querella lastimosa.

    Melancólico fulgor
blanca luna repartía,
y el aura leve mecía
con soplo murmurador
la tierna flor que se abría.

    ¡Y yo gozaba! El rocío
–nocturno llanto del cielo–,
el bosque espeso y umbrío,
la dulce quietud del suelo,
el manso correr del río,

    y de la luna el albor,
y el aura que murmuraba
acariciando a la flor,
y el pájaro que cantaba...,
¡todo me hablaba de amor!

    Y trémula, palpitante,
en mi delirio extasiada,
miré una visión brillante,
como el aire perfumada,
como las nubes flotante.

    Ante mí resplandecía
como un astro brillador,
y mi loca fantasía
al fantasma seductor
tributaba idolatría.

    Escuchar pensé su acento
en el canto de las aves;
eran las auras su aliento,
cargadas de aromas suaves,
y su estancia el firmamento...

    ¿Qué extraño ser era aquel?
¿Era un ángel o era un hombre?
¿Era un dios o era Luzbel?...
¿Mi visión no tiene nombre?
¡Ah, nombre tiene: era Él!

    El alma soñaba tu imagen divina
y en ella reinabas ignoto señor,
que acaso su instinto feliz adivina
los rasgos que debe grabarle el amor.

    Al sol en que el cielo de Cuba destella,
del trópico ardiente brillante fanal,
tus ojos eclipsan; tu frente descuella
cual se alza en la selva la palma real.

    Del genio la aureola radiante, sublime,
ciñendo contemplo tu pálida sien,
y al verte, mi pecho palpita y se oprime,
dudando si formas mi mal o mi bien.

    Que tú eres, no hay duda, mi sueño adorado,
el ser a quien tanto mi pecho anheló;
mas, ¡ay!, que mil veces el hombre, arrastrado
por fuerza enemiga, su tumba buscó.

     Así vi a la mariposa
inocente, fascinada,
en torno a la luz amada
revolotear con placer;
insensata se aproxima
y la acaricia insensata,
hasta que la luz ingrata
devora su frágil ser.

    Y es fama que allá en los bosques
que habita el indio indolente
nace y crece una serpiente
de prodigioso poder.
Si sus hálitos exhala,
en apariencia süaves,
volando bajan las aves
en su garganta a caer.

    ¿Y dónde van esas nubes
por el viento compelidas;
dónde esas hojas perdidas
que del árbol arrancó?...
¡Ay!, lo ignoran: las arrastra
el poder de su destino,
y ceden al torbellino
como al amor cedí yo.

    Así vuelan resignadas
y no saben dónde van...,
pero siguen el sendero
que les traza el huracán.

    Vuelan, vuelan en sus alas
nubes y hojas a la par,
ora al cielo las levante,
ora las hunda en el mar.

    ¿Y a qué pararse sirviera?
¿A qué el término inquirir?
¡Ya a la altura, ya al abismo,
su curso habrán de seguir!


Gertrudis Gómez de Avellaneda
(Poesías, 1841)

lunes, 19 de junio de 2017

Cando ninguén os mira

                           Ladera arbolada, Albert Bierstadt (1830-19o2)

Cando ninguén os mira,
vense rostros nubrados e sombrisos,
homes que erran cal sombras voltexantes
por veigas e campíos.
 

Un, enriba dun cómaro
séntase caviloso e pensativo;
outro, ó pe dun carballo queda inmóvil,
coa vista levantada hacia o infinito.
 

Algún, cabo da fonte recrinado
parés que escoita atento o marmurío
da auga que cai, i exhala xordamente
tristísimos sospiros.
 

¡Van a deixala patria...!
Forzoso, mais supremo sacrificio.
A miseria está negra en torno deles,
¡ai!, ¡i adiante está o abismo...!


Rosalía de Castro
(Follas novas, 1880)

Versión al castellano de Un poema cada día

Cuando nadie los mira,
vense rostros nublados y sombríos,
hombres que yerran cual sombras volteantes
por vegas y baldíos.

Uno, encima de un collado
siéntase caviloso y pensativo;
otro, al pie de un roble queda inmóvil,
con la vista levantada al infinito.

Alguno, cabe la fuente reclinado
parece que escucha atento el ruido
de agua que cae, y exhala sordamente
tristísimos suspiros...

¡Van a dejar la patria...!
Forzoso, mas supremo sacrificio.
La miseria está negra en torno de ellos,
¡ay!, ¡y delante está el abismo...!

(Hojas nuevas, 1880)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...